


El castellano, a la conquista del mundo
La reciente inauguración de la sede central del Instituto Cervantes en Madrid y el merecido Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2005 que obtuvo el organismo, junto con otras instituciones europeas de similar naturaleza (como el British Council o el Goethe Institute), son muestra de la gran labor que viene desarrollando en pro del castellano. Nacido hace 15 años con el fin de promover la enseñanza de nuestra lengua y la difusión de la cultura española e hispanoamericana, está presente en 60 ciudades de 38 países, y tiene prevista la apertura de nuevos centros en Brasil, Nueva Delhi, Tokio, Shanghai, Sydney y Seúl. La labor de difusión y preservación del patrimonio cultural europeo llevada a cabo por instituciones de
este tipo, que va más allá de la simple enseñanza lingüística, comprende también la tradición literaria y artística y los valores éticos de la civilización occidental.
Gracias a instituciones como el Instituto Cervantes, el castellano es cada vez más popular, y actualmente goza de una excelente salud a nivel mundial. En los Estados Unidos se consolida como segunda lengua, y la educación bilingüe español-inglés se imparte a millones de estudiantes de la escuela primaria. En Brasil se aprobó el pasado año una ley que obliga a los centros de enseñanza media a ofrecer a sus alumnos clases de castellano. Aunque el número de hispanohablantes en el mundo es claramente inferior al de los anglófonos y notablemente superior al de los hablantes de francés, estas dos lenguas crecen muy poco más que el español. Quizá una de las causas de este fenómeno sea la posibilidad de expansión que le proporciona al castellano su oficialidad en países de elevadas tasas de crecimiento.
Más allá de las reglas, la lengua de Cervantes consigue mantener su relación con otros idiomas moldeando su uso cotidiano: el 'spanglish' utilizado por unos 40 millones de latinos en EE.UU. es quizá el mejor ejemplo. Y es que la población latina estadounidense es la minoría más grande del país, y representa más del 12,5 % de la población total. Hay en Norteamérica más hispanohablantes que, por ejemplo, en toda Venezuela, y se prevé que en 2020 uno de cada cinco habitantes estadounidenses será hispano.
Pese a todo, el castellano no acaba de encontrar su sitio en Internet. Unos 40 millones de hispanohablantes usan habitualmente la Red, lo que constituye el 6% de los usuarios en el mundo, detrás del alemán, japonés, chino y, especialmente, el inglés. En presencia de medios de comunicación digital, el español, sin embargo, cuenta con un buen lugar: el segundo tras el inglés. En número de obras traducidas a otras lenguas (como El Quijote), quedaría en séptimo lugar, cifra también bastante halagüeña.
Otro de los problemas a los que se enfrenta el castellano a nivel mundial es la falta de unificación de los numerosos dialectos existentes que van desde el canario hasta el tejano pasando por el andino hablado en Colombia, Chile, Ecuador, Perú o Bolivia. El español es una lengua plural con un gran valor cultural, es fuerte demográficamente y económicamente y además tiene un buen mercado. Sus debilidades son de índole cultural y social que exigen del resto del mundo hispanohablante un esfuerzo, primero de aceptación de sus características propias (referidas a las especificidades de los numerosos dialectos), y segundo de convencimiento de que se puede conseguir mantener la cohesión de todo el idioma.
EL CASO DE EE.UU. Concentrada en las ciudades de Los Ángeles, Nueva York, Miami, Chicago, San Francisco, Houston y Dallas, la población hispanoamericana representa más de un 12% del total de la población de este país. El crecimiento de los hispanos tiene efectos importantes tanto a nivel cultural, político y económico.
Existen alrededor de 500 periódicos hispanos, más de 500 emisoras de radio, tres redes de televisión y centenares de programas en inglés o español difundidos por medio de estaciones locales dirigidos a la comunidad hispana. La inversión en publicidad en español ha crecido un 20,5 % más que el año pasado y se puede observar también los efectos importantes en los discursos políticos. El crecimiento y extensión por el país de la comunidad hispana y de su idioma no levanta pasiones en los sectores más conservadores. Y es que para muchos norteamericanos de derechas el castellano sigue siendo el idioma de la pobreza. La gran mayoría de la población hispana es de clase obrera con bajo nivel de ingresos y de educación formal. Sin embargo, para estos mismos conservadores la gran minoría hispana conforma un mercado potencial muy jugoso. Son cada día más los norteamericanos que aprenden español, no para poder comunicarse con su cocinera boliviana o jardinero mexicano, sino para acceder a un mercado en auge y establecer contactos políticos y sociales susceptibles de generar importantes posibilidades económicas.
