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Miércoles, 7 de Enero de 2009
 
Cenizas en el aire
ROGER XURIACH (Barcelona) - 29/01/07

Para que un terreno recobre la fertilidad perdida hay que dejar arrelar nuevas semillas, evitando que las cenizas del incendio acaben barriendo el paso a la nueva flora. Algo así le ha ocurrido al Real Madrid esta temporada.

Desde que Ramón Calderón pasó a ocupar la presidencia este verano, nada ha podido hacer para reverdecer el seno de una entidad que lleva varios años quemada. Los supervivientes de la debacle deportiva del último trienio han deambulado torpemente por los terrenos de juego demasiado tiempo, mermados por la impotencia de no haber podido alzar ningún título. Acomodados, si cabe, en una espiral de vicios y desdichas.

Capello pensó que trasplantando algunas de sus mejores especies que tan buen resultado le dieron en la Juventus (Cannavaro y Emerson) la estructura ósea del equipo recobraría la fuerza perdida, pero lo cierto es que el resultado de ambos ha dejado mucho que desear. De igual forma, otros dos campeonísimos como

Fabio Capello (AGENCIAS)

Diarra (Olympique) y Van Nistelrooy (Manchester United) aterrizaron al Bernabéu con la intención de reflotar un barco hundido, pero tampoco lo han logrado y, para más inri, sus ex-equipos no han acusado su asusencia (franceses e ingleses dominan sus respectivas ligas).

La ilusión y la motivación es primordial para cualquier trabajador. Y eso es algo que no han demostrado tener futbolistas como Ronaldo, Cassano, Salgado, Beckham... Jugadores todo ellos condenados a día de hoy al ostracismo más doloroso, el que aúna desprecio e indiferencia por igual. Dicen que el éxito corrompe, pero el fracaso puede hacerlo mucho más. Sólo así se puede entender la comodidad en la que se llegó a instalar gran parte del vestuario madridista.

Pero si algo tiene de bueno tocar fondo es la imposibilidad de caer más abajo. Y eso significa que las cosas no pueden empeorar mucho más. Mijatovic dijo haber detectado el problema a tiempo, y lo cierto es que la guillotina de Capello no ha tardado en cortar las primeras cabezas. Prueba irrefutable de que el proyecto se empezó por el tejado, con prisas y sin una 'hoja de ruta'.

Ahora puede ser ya demasiado tarde para rectificar, aunque los resultado estan ahí y el equipo ha rejuvenecido en cuanto a ilusión, responsabilidad y profesionalidad. La apuesta por jugadores jóvenes, canteranos, hambrientos de títulos es, a día de hoy, la más sensata si bien es la única tabla de salvación a la que agarrarse el aficionado merengue. Savia nueva, dicen: la semilla del nuevo Madrid está plantada. ¿Dará sus frutos? El tiempo lo dirá. Pero por lo menos las cenizas de este equipo ya están en el aire, flotando en un futuro incierto pero lejos de dañar la imagen del club madridista. Unas cenizas que, por cierto, nacieron -como diría Ariel Rot- cuando “se apagó la hoguera de la vanidad.”

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