


RUSIA SE ENCAMINA HACIA UN CALLEJÓN SIN SALIDA
El pasado sábado 10 de octubre moría asesinada en el portal de su casa, con tres disparos en el pecho y uno en la cabeza, la prestigiosa periodista Anna Politkóvskaya, conocida opositora del actual gobierno ruso y que trabajaba para el semanario también opositor Nóvaya Gazeta. Anteriormente había tenido que salir del país debido a amenazas tras sus críticas coberturas de la guerra de Chechenia.
Este crimen no es un hecho aislado, ya que en 2003 resultaba muerto por envenamiento Yuri Schekochijin, diputado y colega de Politkóvskaya en la misma revista, cuando investigaba la corrupción en las altas esferas del poder. En 2004, Paul Klebnikov, redactor jefe de la edición rusa de la revista "Forbes", fue tiroteado en Moscú.
Desde 1991 han sido asesinados o desaparecidos más de trescientos infomadores en Rusia, y solo desde que Vladimir Putin llegó a la presidencia a principios del año 2000, doce periodistas fueron víctimas de crímenes mortales, según la Unión de Periodistas de Rusia (UPR). En ningún caso se halló a los culpables.
El poder ha perdido la verguenza, se siente tan fuerte que ni ve necesario guardar las apariencias. Así lo definió la escritora Liudmila Ulítskaya, que coincide con muchos otros personajes de la vida pública rusa en el retroceso de las libertades desde que Putin gobierna.
Politkóvskaya se caracterizó, especialmente, por su feroz crítica a la guerra contra los chechenos, así como por la denuncia de los crímenes de guerra que se estaban cometiendo en esta región. Su compromiso con la paz quedó evidente durante el secuestro del colegio en Beslam, cuando intentó mediar en aquel acontecimiento. Pero la salida negociada nunca llegó a interesar a Moscú.
En una muestra de absoluto desprecio, ningún miembro del Gabinete se pronunció hasta dos días después del asesinato de la periodista. No fue hasta que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, llamara por teléfono a su colega ruso, para que el jefe del Kremlin rompiera el silencio y prometiera una investigación seria. Putin prometió que "los culpables serán perseguidos y castigados".
Pero a la vista de lo sucedido en otros casos, la promesa no parece creíble. Mientras, Rusia se va adentrando cada vez más en un laberinto de difícil salida donde el poder elimina a todo aquel que alza la voz en su contra.