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Jueves, 9 de Septiembre de 2010
 

CATALUÑA, UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Hacia dónde va Cataluña es algo que probablemente no saben ni los mismos catalanes ni, seguramente, sus dirigentes políticos elegidos en los comicios del pasado 1 de noviembre. De estas elecciones salió un vencedor, CiU, que por segunda vez consecutiva tendrá que sentarse en la oposición pese a resultar ganador.

Pero datos hablan, y si se interpretan llevan a conclusiones evidentes. Una: que se trata de las segundas elecciones con menos participación de la historia en Cataluña (56'77%). Esto no es un hecho particular, sino un comportamiento electoral que se viene registrando en todo el país (y fuera de él). Señala un progresivo desinterés de la ciudadanía por los "asuntos de los políticos", que los perciben como ajenos. La cuestión de fondo, el alejamiento de estos de los problemas reales de los votantes, que la inmensa mayoría de las veces son de índole social.

Dos: desde las primeras elecciones autonómicas con la Constitución del 78, el nacionalismo ganó con gran contundencia. Si ahora ERC se hubiera aliado con CiU, en vez de con el PSC, el futuro gobierno habría contado con 11 apoyos más en el Parlament.

Y tres: se están empezando a dar en Cataluña, especialmente en la provincia barcelonesa, movimientos por parte de sectores opuestos al nacionalismo y a la hegemonía del catalán en las instituciones públicas. Los tres diputados del recién creado Ciutadans es una muestra de ello. El tiempo dirá si se mantienen en el centro político, derivan hacia posturas afines al Partido Popular o van más allá.

El tripartito vuelve a gobernar en Cataluña, pero las formas han cambiado sustancialmente. Si en 2003 Pasqual Maragall, Josep Lluís Carod-Rovira y Joan Saura eligieron el Saló del Tinell y se rodearon de gran parafernalia para presentar el primer ejecutivo de izquierdas tras 23 años de gobierno de CiU, la austeridad marcó el acto del 7 de noviembre. Si en aquella ocasión sonó música de Haendel y los tres líderes del primer tripartito hicieron una entrada triunfal en la sala, ahora se eligió la sala-auditorio del Parlament y no hubo música ni sonó Els Segadors. Si con el primer tripartito los conflictos internos fueron cíclicos, con la salida (conviene recordar) de ERC, en desacuerdo con el Estatut, ahora el nombre elegido fue Entesa Nacional pel Progrés (Entendimiento Nacional para el Progreso).

Esperemos, por tanto, que el nuevo gobierno haya aprendido de los errores del pasado, que no propicie pequeños conflictos que no llevan a ninguna parte, y que en esta segunda oportunidad concentren sus esfuerzos en extender políticas sociales y abandonen el debate identitario, ya en vigor el nuevo Estatut, aunque es inevitable que en un futuro no muy lejano se quiera volver a plantear hacia dónde va Cataluña. Pero Montilla no es Maragall, y eso ya lo sabían en la sede de Ferraz.

 

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