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Martes, 6 de Enero de 2009
 

VOTE 1 Y LLEVE 2

Los buenos tiempos en que España entera salía unida a la calle para declarar su absoluto rechazo a ETA parece que van llegando a su fin. Todos están de acuerdo en el contenido, el fin del terrorismo, pero es preocupante, que la forma -la táctica- haya usurpado el lugar que corresponde al fondo, al contenido fundamental.

Para el ciudadano que no siga la actualidad del día a día debe resultar confuso todo ello. ¿Por qué dos manifestaciones? Esta persona llegará, como por instinto, a una certeza peligrosa: la primera del PSOE, la segunda del PP. No es exactamente así.

El 'crack' de la relación entre ambos partidos respecto al terrorismo se produjo claramente el 11-M, donde ambos se lanzaron acusaciones muy graves y que concluyó con una comisión de investigación (verano de 2004) cuyas conclusiones por ambas partes estaban preparadas de antemano. Ahí empezó la batalla.

El gobierno de Aznar había contado con el apoyo de los socialistas en la oposición, especialmente durante la tregua del 98. Ahora, con Rajoy fuera del gobierno, el PP no ha dudado un momento -en el contexto de una salvaje oposición- en utilizar políticamente a determinados grupos de víctimas del terrorismo. Con su consentimiento. Pero "lo importante es salir", como dijo el responsable de comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, en una conferencia. "Lo importante es salir en los medios, porque si no sales es como si no existieras", resumiendo la estrategia informativa de su partido.

La Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Foro de Ermua y otras organizaciones similares constituyen hoy importantes 'lobbys' o grupos de presión en el sentido más tradicional del término. Se trata, además, de personas que parten con mayor legitimidad a los ojos del espectador, por sufrir el terrorismo de forma directa. Ahí es donde radica su fuerza, que emplean al organizarse en función de las tendencias políticas y actuando conjuntamente con el partido que apoyan en el momento clave de la manifestación. Es el denominado márketing político.

Decir que hoy en día las víctimas del terrorismo no son empleadas en la lucha política (una de las premisas del cacareado Pacto por las libertades y contra el terrorismo) es, simple y llanamente, una tomadura de pelo.

Editorial

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