


Madrid volvió a ser escenario de una manifestación. La capital de España no descansa. Manifestación viene, manifestación va, todos encuentran su momento para salir a la calle. Estos actos siempre se han considerado de protesta política convencional, pero los modelos politológicos van a tener que adaptarse a los nuevos aires que corren por España.
El pasado 13 de enero las arterias centrales madrileñas se llenaron con aproximada-

mente 175.000 personas según la Delegación del Gobierno, o 210.000 según la Comunidad de Madrid, que, convocadas por asociaciones de ecuatorianos y sindicatos, rechazaban el atentado de ETA pidiendo paz y libertad.
El 3 de febrero la misma escena tuvo lugar pero con otras caras, unas 181.000 según el Gobierno estatal o millón y medio según el regional, para pedir la paz y la libertad, bajo la convocatoria del Foro de Ermua. Y es que lo que podría parecer las dos partes de la misma película realmente son las dos caras de una misma moneda: España.
Más que protesta, cada acto resultó de defensa de las consignas de cada uno de los dos grandes partidos. Si la primera manifestación contó con políticos del Partido Socialista, en la segunda fueron los populares los que salieron a la calle. Si el día 13 de enero se escucharon gritos como “Hay que ser valiente, como el Presidente” o “Sí en mi nombre”, y la gente se preguntaba “¿Dónde estás, Alcaraz?” (presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo) o “¿Dónde está Gallardón en un día como hoy?” (alcalde de Madrid), el día 3 de febrero se coreaba “Zapatero, embustero”, “Zapatero, dimisión”, y Alberto Ruiz Gallardón y José Alcaraz caminaron juntos, mientras el PP criticaba al Gobierno no por acudir a una manifestación “cívica y de buena fe”.
Así que la supuesta idea común de ambos actos se diluye entre los que defienden al Gobierno y su forma de lucha antiterrorista y los que lo critican. Así que de leerse en un cartel “zPAZp” en la primera, se pudo leer “zETAp, traidor” en la segunda. Mientras en la lectura del manifiesto de la primera marcha, a manos de la escritora Almudena Grandes y representantes de las asociaciones ecuatorianas, se recordó a las víctimas del atentado en Barajas y a todos los inmigrantes que vienen a España a trabajar y ayudan a la economía del país, en la segunda lectura Conchita Martín (viuda del teniente coronel Blanco asesinado por ETA tras la «tregua trampa» de 1998) y Antonio Aguirre, (exdirigente expulsado del Partido Socialista de Euskadi) expresaron el rechazo a la negociación. También realizaron un llamamiento a la recuperación del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, tal y como hace el PP en contra del resto de los partidos del arco parlamentario, y se quejaron de la politización que se hace de las víctimas.
El punto y final de este segundo acto lo puso el himno de España que pudieron escuchar todos los manifestantes. Para el Gobierno es un uso partidista y sesgado de una insignia de todos; para los convocantes no se sabe, aunque para uno de los asistentes, el expresidente José María Aznar, es un uso ilegal si seguimos un decreto de su Gobierno que limitaba el uso del himno a actos con la realeza o de índole militar.
Mikel Buesa, presidente del Foro de Ermua, no explicó el por qué, pero sí instó al Gobierno a dejar de hacer demagogia o a actuar: "Que nos ponga una sanción, porque recaudaremos en todos los rincones de España el dinero necesario para hacerla efectiva ”. Además, defienden que en su manifestación sí estuvo representada toda España, incluída el Partido Socialista, ya que la eurodiputada Rosa Díez asistió a la marcha.
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