


¿Y ESPAÑA QUÉ, OTRA VEZ CAMPEONA DEL MUNDO DE FÚTBOL?
Alberto Rubio García
La verdad es que cuando uno se propone escribir sobre por qué a España se le resiste ganar un Campeonato del Mundo de fútbol, no sabe muy bien si es consciente de la profunda trascendencia social y futbolística que se esconde tras ello. Sin embargo, a medida que se avanza en la investigación y el análisis se descubre un nuevo mundo de realidades -sociales, políticas y deportivas- que llenan de dudas en un principio, pero que terminan de maravillar tan sólo unos días después.
De entre las primeras, destacaría la falta de cohesión social que cada día se hace más abrumadora en la sociedad española. No en vano, el fútbol, en su condición de deporte rey en España, y los pupilos de Luis Aragonés, que mal que les pese a algunos son la máxima representación de nuestro fútbol, se convierten, por ende, en el espejo de una sociedad fragmentada y dividida por los nacionalismos y separatismos que nos acucian.
Todo lo expuesto anteriormente se traduce en una alarmante falta de conciencia nacional de un país donde, curiosamente, los localismos siempre prevalecen ante el interés nacional. En este sentido, los repetidos fracasos de la ‘roja’ también han contribuido a que España se convierta en un país donde los intereses y títulos de nuestros clubes se anteponen y siempre acaparan mayor interés que el mismísimo combinado nacional.
No en vano, la selección es habitual foco de las iras, envidias y de las críticas de aquellos que ven en ella una amenaza frecuente hacia sus intereses personales. Además, generalmente, los medios de comunicación –en su condición de mediadores sociales- se hacen eco de todo este tipo de debates, los mal intencionan, los potencian y saturan hasta la extenuación para terminar convirtiéndose en un verdadero contrapoder que a fuerza de presionar hace claudicar a los seleccionadores ante la opinión interesada y generado por los medios entre el gran público.
Por último, me gustaría reivindicar el papel que juegan los factores estrictamente deportivos en el fiasco que cada cuatro años protagoniza nuestro combinado absoluto. No debemos olvidar que España parte con enorme desventaja sobre sus más inmediatos rivales, puesto que futbolísticamente los nuestros apenas poseen rasgos distintivos.
En primer lugar, tal y como señala Luis Aragonés, la selección, a diferencia de países africanos o de la propia Francia, carece de una buena condición física de base donde factores genéticos o de mestizaje favorecen la creación de una raza atlética netamente superior. Este argumento, se hace mucho menos evidente en las categorías inferiores o en deportes como el fútbol sala donde los nuestros dominan con absoluta superioridad.
Por otra parte, España no cuenta con un patrón táctico definido, lo que sobre el campo se plasma en una absoluta anarquía en la que italianos, argentinos u otros conjuntos mucho más ‘cancheros’ reinan a placer. Para terminar, no debemos obviar que pese a que técnicamente nuestra selección se encuentra a la cabeza mundial, psicológicamente nuestros futbolistas no se encuentran lo suficientemente capacitados para completar el peldaño que la sitúe a la altura de la todopoderosa Brasil.
Y yo me pregunto...