


CATALUNYA-EUSKADI: PROHIBIDO SACAR PECHO
Roger Xuriach Sánchez
Sería conveniente realizar un severo esfuerzo de auto-reflexión para comprender que no hay bandera dañina si no es que se utiliza para ensombrecer a otras. Hace escasos días, en un Getafe-Madrid (dos equipos de la capital), las banderas españolas se dejaron ver más que el juego de los blancos y nadie se preguntó el origen, motivación y finalidad de tan trivial acto de exaltación de unos colores. Tampoco hay que olvidar que la marea azul que arropa a Alonso no está patrocinada por ninguna operadora de telefonía y sí responde a los colores de esa bonita tierra llamada Asturias. Digo esto porque no entiendo el porqué ondear ciertas banderas con orgullo aún sigue dañando el ídem de algunas personas, algo que ocurrió en el pasado encuentro futbolístico entre Catalunya y Euskadi. El caso es que la hermandad que históricamente ha unido a ambas comunidades despertó en diversos medios nacionales un afán tan desproporcionado como oportunista de cubrir la noticia con la trascendencia de una primera plana.
Aconteció un cálido domingo de Octubre, en Barcelona. Las calles abarrotadas de la Ciudad Condal nos advertían de que algo se estaba cociendo cerca del Camp Nou. Pronto las banderas resolverían el enigma: la amalgama de ‘cuatribarradas’ e ‘ikurriñas’ dejaba paso a un desfile de ciudadanos de a pie dispuestos a disfrutar de una jornada reivindicativa y festiva mediante un deporte histórico como es el fútbol. Las selecciones autonómicas de Catalunya y Euskadi estaban a punto de comenzar un partido amistoso con un trasfondo político de sobras conocido: la búsqueda de un reconocimiento federativo que permita a ambos conjuntos disputar partidos oficiales y competiciones internacionales. O lo que es lo mismo: ser reconocidas como naciones.
La campaña de promoción de dicho partido ya avivó, como era de esperar, la llama de la polémica. El anuncio televisivo fue el detonante: en él se veía cómo un niño ataviado con la zamarra española le negaba el derecho a jugar a otro con la camiseta catalana hasta que el joven marginado decidía quitársela para dejar su pecho al descubierto. Con el lema ‘Al final la acabaremos llevando: Una nación, una selección’, se intentó plasmar la realidad de una federación, la catalana, que cada vez tiene que sortear más obstáculos para poder ser reconocida de forma oficial. No en vano, el ‘spot’ estuvo a punto de ser censurado porque el PPC entendió que “este tipo de contenido político fomenta la exclusión y el enfrentamiento”.
Es triste comprobar como este anhelo histórico (la independencia, sí) que siempre han perseguido las comunidades vascas y catalanas sigue siendo el blanco de varias críticas infundadas e inadmisibles por parte de diversos medios de comunicación. Desde la cadena ‘TeleMadrid’ se llegó a decir que las banderas de ETA inundaron el estadio del Barcelona (¡cuando ni siquiera existen!) y en Antena 3 el telediario del mediodía empezó con un discurso atufado por el tinte del etnocentrismo. La imagen visual de que los asistentes de esa gran fiesta (no hay que olvidar que bajo el lema ‘Unidos por la paz’, en las horas previas del partido se realizaron conciertos, actividades lúdicas, etc…) debían ser poco menos que delincuentes o asesinos fue dispersada sin remisión por diversas plumas, voces y rostros del periodismo de este país. ¿El objetivo? Desgastar el movimiento independentista y vincular, de forma errónea y vergonzante, las pancartas en favor de la autodeterminación (‘Liberad a Euskadi’ y ‘Catalunya is not Spain’) con la violencia terrorista.
Al fin y al cabo, lo más violento que aconteció en el Camp Nou fue comprobar cómo una mujer, tras sacarse la camiseta en señal de protesta por las críticas al anuncio antes citado, dejaba a la intemperie (con el debido respeto) unas axilas algo descuidadas. Por lo demás, la fiesta fue para sacar pecho. Aunque algunos les irrite que la bandera a ondear no sea siempre la misma…